lunes, 16 de junio de 2014

Extractos del diario de un Montañero - Circular de la Acebeda


Siempre he defendido el argumento de que lo cercano y sencillo puede sorprendernos con la misma intensidad que aquello que nos atrae por parecernos grandioso y espectacular. En el ámbito montañero esta circunstancia se repite a menudo cuando uno trata de ocupar el tiempo de un fin de semana con algo de actividad sin pretensiones técnicas y se embarca en una escapada tranquila a parajes próximos en los que las montañas trazan suaves contornos contra el cielo primaveral y las altitudes se mantienen por debajo de los 2000 metros.

En este sábado 14 de junio no nos ha dado tiempo a cansarnos al volante, pues en apenas una hora hemos llegado a la zona más septentrional de nuestras modestas sierras. La base: el núcleo serrano de La Acebeda, un pequeño pueblo madrileño, surgido hace más de setecientos años de un asentamiento de pastores,  que en el último censo de población (2008) apenas superó los 53 habitantes y que alberga en sus alrededores la mayor concentración de Illex aquifolium, es decir de acebos, de la Comunidad de Madrid, llegando algunos ejemplares a superar la nada desdeñable estatura de 10 metros. No está nada mal para tratarse de un arbusto ¿verdad?

 
Pues esto no es todo, porque además del archiprotegido acebo encontramos gran profusión de robles, pinos, mostajos, cerezos etc. La exposición de aquellas laderas al sol del sur, proporciona unas condiciones inmejorables para que estas nobles manifestaciones arbóreas alcancen un desarrollo y colorido óptimos para ser “capturados” en las tarjetas de memoria de nuestros dispositivos fotográficos. Solo en verdes ya tenemos una variación importante dentro de la gama, pues las gradaciones más oscuras del pino se combinan con los brillantes destellos líquidos del propio acebo, los claros luminosos del helecho, el mostajo, el chopo lombardo y de las diferentes variedades del roble. Luego llega la guinda de color con las amarillísimas flores de la retama, los tonos rosáceos y blancos del majuelo y una multitud de flores blancas, violetas y rojizas que salpican veredas y gamonales, siempre intercaladas con las colonias de los más grandes





En fin, es la muestra patente del apogeo de la primavera antes del inicio de su drástica zambullida en el duro estío de tonos pardos y dorados, justo cuando el rumor de los arroyos se amortigua y empieza a escucharse el obsesivo son de las chicharras.

sábado, 7 de junio de 2014

Extractos del diario de un Montañero - Almanzor (2.592 m.) ó una ascensión "de libro"

Y vamos a por la tercera Actividad invernal del 2006…
 


Sábado 11 de febrero de 2006.- salimos en autocar desde el punto de recogida elegido en la Pza. del Emperador Carlos V (frente al Ministerio de Agricultura). Son las 8:15 cuando dejamos atrás ése despropósito urbano, en permanentes obras, que es “Gallardonia-Madrid”, para intentar disfrutar de un buen fin de semana en nuestras montañas cercanas, en la Sierra de Gredos.
 
Nuestros objetivos: la máxima cumbre de de Cordillera Central, el pico Almanzor (2.592 m.) y el Collado del Venteadero (+/-2.500 m.) para aquellos que quieran disfrutar de una actividad “pelín” más relajada.
 
Son pasadas las 12 del mediodía cuando vamos dejando la aglomeración de vehículos estacionados y la multitud de paseantes y curiosos que se han acercado hoy hasta aquí para darse su “bañito de nieve.” Durante todo el recorrido por la calzada nos encontramos con gente de todo tipo y condición luchando por mantener a duras penas el equilibrio sobre la helada superficie de la empedrada pista que en pocos minutos nos ayuda a alcanzar el Prado de las Pozas. El día presenta un aspecto nublado con indicios de persistencia, pero de momento nos fiamos de la predicción del Instituto Nacional de Meteorología que nos auguraba tiempo soleado para el domingo. Tampoco hoy parece que la climatología vaya a adquirir tintes negativos.
 
Una vez alcanzado el Prado de las Pozas nos dirigimos al puente que cruza el río Pozas para, una vez superado, acometer la fase más dura de la jornada: el ascenso hasta los Barrerones. Una vez que alcanzamos los 2.100 m. tras una subida “potente” podemos al fin contemplar toda la majestuosidad del Circo de Gredos.
 

                                             El Circo de Gredos desde los Barrerones.
 

Desde el Morezón hasta las cumbres más occidentales, el aspecto invernal que presenta toda la cuerda nos previene que mañana, si el tiempo acompaña, tendremos que hacer uso de gran parte de lo aprendido en los cursos de Prácticas Invernales. Continuamos ya en franco descenso hacia el fondo de la garganta, allí donde la cubeta del circo se ensancha en una planicie de perfecta horizontalidad y una blancura impecable: se trata de la Laguna Grande de Gredos que naturalmente en esta época invernal permanece completamente helada y cubierta por un manto níveo de espesor considerable. Hoy nos ahorraremos un buen trecho de caminata porque cruzaremos en línea recta a través de la superficie de la Laguna hasta el refugio Elola, cuya silueta cuadrada y oscura se mimetiza sobre la nieve confundiéndose con la multitud de bloques naturales que salpican el blanco predominante.


                                                                                         El Refugio Elola
 
Son las 14:15 cuando por fin alcanzamos la terraza del refugio. Como de costumbre está atestada de gente que a pesar de que hace bastante fresquito prefiere sentarse donde puede y contemplar la grandiosidad del Circo.
 
Una vez hecho el reparto de llaves y taquillas y asignada habitación para la pernocta, deliberamos sobre como invertir el tiempo que la luz diurna nos prestará antes de abandonarnos a la suerte de las tinieblas.

 
Unos optan por quedarse al abrigo del refugio, reservando fuerzas para la actividad seria del domingo, otros parten sin demora hacia la base más escarpada del circo, donde se forman las cascadas de hielo más interesantes, y el resto nos calzamos los crampones y cruzando los últimos centenares de metros que nos separan de la base del circo, acometemos el ascenso hasta la Portilla de los Machos, collado que se abre entre el Casquerazo y el Cuchillar de las Navajas. Remontamos en dura pendiente los más de trescientos metros que median entre la superficie de la base meridional del Circo y el collado y nos plantamos en el mismísimo límite del Circo, con una panorámica excepcional hacia la Garganta de Candelada cuyo fondo aparece iluminado por los rayos del sol que a duras penas se abren paso a través de un claro.
 

Transcurridos unos minutos disfrutando de la panorámica descendemos antes de que empiece a anochecer. Durante el descenso ponemos en práctica la máxima popular de “despacito y buena letra” para no dar un tropezón intempestivo, pues algunos no olvidamos un desgraciado accidente presenciado ya hace algunos años que se saldó con un fallecido al resbalar por esta misma pala. Tras el regreso al refugio, toma de posesión de habitación (¡vaya humedad en los techos!) y literas. Después una cena abundante y bien guisada, sobremesa animada y desarrollo de la estrategia para la ascensión al Almanzor (es cierto que se piensa mejor con la tripa llena)
 
Durante la noche concierto de ronquidos y calor, aún así el que más y el que menos ha sido capaz de dormir de forma intermitentemente.

 
Domingo 12 de febrero.- 7:00.- Suenan despertadores de pulsera y enseguida los “leds” de los frontales barren con su luz azulada todos los rincones de la estancia según el movimiento de las cabezas a las que están sujetos. Luego desayuno muuuuy frugal (por no poner no pusieron ni platos para poder untar el sucedáneo de mermelada en las escasas galletas) y comprobación del equipo de ataque inmediatamente antes de la salida.
 

08:10.-Salen zumbando Manu, Celso, Raúl y Garfun, los cuatro que se encargarán de equipar los pasos más comprometidos de la ascensión: cuerdas fijas desde la Portilla del Crampón, con objeto de cubrir con seguridad la travesía sobre las Canales Oscuras, y la trepada por la estrecha canal helada que desemboca en la antecumbre. Detrás suben los catorce que optaron por la ascensión al Almanzor. Los cinco restantes, los del Venteadero, salen al mismo tiempo del refugio para disfrutar de su, no menos empinada, aproximación.
 
En la aproximación a la Portilla del Crampón, los cuatro destacados fuerzan la marcha para rebasar a una ristra de diez o doce portugueses que van con la misma intención de atacar la cumbre. Si los lusos se plantan antes que ellos en la portilla se les complicará seriamente la instalación de las cuerdas así que queman un poco de energía extra y consiguen sacarles unos cientos de metros, los suficientes para montar los anclajes y asegurar los pasos.
 

10:49.-Apenas montado el último seguro en la base del promontorio rocoso que conduce a la cumbre, aparece la marabunta de los portugueses. Con mucha paciencia esperamos a que se vayan turnando para coronar la exigua cumbre (apenas se pueden reunir tres personas a la vez en torno al vértice geodésico).

 

Al fin asoman uno tras otro los miembros del Culmen: Blas, Merce, los dos “Danis”, Rosa, Pablo, Héctor, Ful, Rafa, Luz, Laura, Maite, Pepe Prieto y cubriendo el grupo por retaguardia, José el “Profe”. Tras ir paliando el pequeño lío de cuerdas que se forma entre los que suben y los que descienden podemos congratularnos de haber puesto a dieciocho intrépidos “culmenitas” en la cumbre del Almanzor en este día espléndido de invierno.
 



A través de los “walkies” contactamos con Jóse Cuenca, Paloma, Nieves, Gonzalo y Fran que nos confirman su llegada al Venteadero. Desde la cumbre del Almanzor se les puede divisar en el roquedo cercano al amplio collado agitando una prenda de color rojo. También ellos han cumplido holgadamente con la consecución de su objetivo.
 



Uno a uno todos hemos ido pasando por la cumbre con esa sensación de haber culminado (y nunca mejor utilizada esa palabra dado el Club al que pertenecemos) una actividad impecablemente planificada; como se suele decir “de libro”. Y de la misma forma ordenada y disciplinada, vamos abandonando el escenario de nuestra pequeña hazaña sin pérdidas de tiempo ni vacilaciones. Todo el equipamiento queda debidamente recogido y tras un soleado descenso llegamos al refugio a la hora prevista.