miércoles, 28 de mayo de 2014

Extractos del diario de un Montañero - Vuelta al Monte Perdido. Una circular inolvidable por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en la que ascendimos a tres de sus cumbres legendarias y pudimos asomarnos sus valles principales: Pineta, Añisclo, Ordesa y Gavarnie.





1ª ETAPA.- Domingo 27 de junio de 2010 .- Refugio de Pineta (2.140 m.) – Collado de Añisclo (2.460 m.) – Fuen Blanca (1.800 m.) – Collado Superior de Góriz (2.325 m.) - Refugio de Goriz (2.160 m.)

7:20 - Salimos del refugio. La crecida del río Cinca nos complica un poco la vida ya que nos obliga a descalzarnos y vadear el cauce. Al final perdemos alrededor de veinte minutos. Para colmo se lía a llover y hemos de hacer otra breve parada para sacar la ropa de lluvia de las mochilas.

La jornada ya había amanecido nubosa pero confiábamos en que el tiempo nos respetaría al menos hasta las primeras horas de la tarde. No nos queda más alternativa que iniciar el ascenso hacia el Cuello de Añisclo, soportando el repiqueteo insistente de la lluvia contra el tejido impermeable de nuestras capuchas.

Nos internamos en el bosque que cubre toda la hoja oriental del Valle de Pineta. Hayas, arces, abedules… se aprietan sobre el sendero GR11 haciendo, a menudo, bastante complicada la progresión. Las ramas nos entorpecen continuamente el avance enganchándose a las pesadas mochilas. La lluvia se adueña de la atmósfera y empieza a jarrear, ello nos obliga a aprovechar la proximidad de unos techos rocosos para guarecernos y añadimos una pérdida de 30 minutos a la cuenta iniciada con el vadeo del río. Cuando el diluvio pierde fuerza volvemos a la lucha contra la vegetación y la pendiente. Nos preguntamos cómo es que a nadie se le ha ocurrido limpiar el sendero, tratándose de un GR convendría hacerlo de vez en cuando.


Sin apenas tregua, alcanzamos el Collado a las 12:19. Hacia la vertiente de Añisclo el cielo muestra un aspecto bastante más tranquilizador. El plan inicial era no perder altitud alcanzando un paso delicado sobre unas fajas que circundan la base de la Punta de las Olas, componente del macizo de las Tres Sorores, pero ayer nos fue desaconsejado por el personal a cargo del refugio. Optamos pues por descender hasta la Fuen Blanca, paraje hermosísimo dominado por una surgencia que salta desde la montaña en forma de blanca melena de agua pulverizada desde una altura de un centenar de metros. El descenso desde el Collado hasta la Fuen Blanca transcurre a lo largo de una serie de escalonamientos jalonados de vivas cascadas que contribuyen con su caudal a incrementar aún más el volumen fluvial de los ríos que, ya desde su curso alto, vienen bien servidos gracias a la carga de nieve que aún aguanta sobre las montañas.

Justo en la Fuen Blanca confluyen dos arroyos: por el Norte, el que se describe anteriormente y que salta de anfiteatro en anfiteatro desde el Collado de Añisclo y desde el Noroeste, el Arrablo ó Fuen Blanca, que irrumpe sobre el paraje en forma de cascada para, una vez unido al anterior, formar allí mismo el río Vellos que continuará recorriendo todo el fondo del cañón para escaparse finalmente del valle tras pasar por debajo del Puente de San Urbez.

13:58.- Llegamos a la Fuen Blanca. De momento la climatología nos respeta y nos disponemos a reponer fuerzas. Nos sentamos a la orilla del ya nacido río Vellos, junto al puente. Permanecemos hasta las 15:15, hora en que nos ponemos en marcha remontando el barranco por la derecha, encarando inicialmente la blanca melena de la surgencia que da nombre al enclave. Cruzamos el puente y dejamos atrás una pequeña borda junto a un bloque que alberga un vivac.

Progresamos por un sendero en fuerte pendiente y entre el bosque, paralelamente al barranco con su cascada no menos espectacular. Cuando superamos el nivel del río antes de precipitarse hacia la Fuen Blanca, nos encontramos con el primer obstáculo: hemos de pasar a la otra orilla en un lugar delicado, ya que a pesar de que el cauce es relativamente estrecho como para salvarlo con un simple salto, la corriente es tal, que si alguno de nosotros resbalara y cayera al agua, se vería irremisiblemente arrastrado hacia la cascada. Con las máximas precauciones vamos saltando uno a uno y nos reunimos sanos y salvos en la otra orilla.

Caminamos ahora por la margen derecha del río ganando altura hasta alcanzar unos prados a cuya izquierda se alza un anfiteatro calizo adonde conducen las señales que marcan el camino. Las señales se suceden por la escarpadura por lo que, sin dudarlo, nos lanzamos a la trepada hasta superarla.

16:56.- Una vez coronado el obstáculo, enlazamos más praderías que resultan flanqueadas a la izquierda por la base de la Punta Custodia. Hacia el otro lado del valle ya distinguimos las formas inconfundibles de la Punta de las Olas, el Soum de Ramond ó Pico de Añisclo y, por supuesto, nuestro objetivo de mañana: el Monte Perdido.




17:26.- Rebasamos el Collado Superior de Góriz (2.325 m.). Entre las preeminencias montañosas de la Punta custodia, a nuestra izquierda, y la Torre de Góriz a la derecha y descendemos hacia el Noroeste atravesando neveros alternados con pasto y roca menuda. El Sol nos bendice con sus efectos a intervalos hasta que llegamos a las inmediaciones del refugio de Góriz.


 
17:55.- Juan Carlos pasa al interior del refugio para acreditar la reserva de siete plazas hecha con antelación. Los demás nos quedamos fuera. Una veintena de personas pulula por los alrededores del edificio haciendo tiempo hasta la hora de la cena o preparándose para partir hacia el Valle de Ordesa una vez concluida su actividad de la jornada.

Asignación de taquillas y literas en la habitación Monte Perdido y cena a las 20:30. Mañana ascenderemos al Monte Perdido con el peso imprescindible y regresaremos al refugio para rehacer las mochilas y continuar hasta Serradets, atravesando el paso de la Brecha de Roland.



2ª ETAPA.- Lunes 28 de junio de 2010 .- Refugio de Góriz (2.160 m)  – Monte Perdido (3.355 m.) – Refugio de Góriz (2.160 m.) – Brecha de Roland (2.804 m.) – Refugio de Serradets (2.587 m.)

7:00.- Todo el mundo en pié, desayunados y de camino hacia el Monte Perdido. Hoy parece que tendremos una tregua con tiempo tranquilo hasta las primeras horas de la tarde en que las nubes de evolución podrían dar lugar a algunas tormentas.

Ascendemos hacia el Norte por una senda marcada que termina difuminándose en una serie de fajas rocosas a modo primer escalón que nos obliga a trepar ganando altura rápidamente. El ascenso consiste en ir superando escalonamientos hasta situarnos en la cubeta glaciar que alberga el pequeño lago de Monte Perdido, en el circo formado por el Cilindro de Marboré y el propio Monte Perdido, tan solo separados por el único paso accesible hacia el glaciar de su cara norte, en cuyo fondo se aposenta el lago de Marboré y la Brecha de Tucarroya.


Los anfiteatros se alternan con tramos en los que el sendero se perfila sobre pendientes de cascajo menudo y alguna que otra pradera sembrada de grandes bloques desprendidos, sin duda mucho tiempo antes de que el glaciar se retirara de la zona.
  
Atacamos una serie de neveros que nos aproximan a la base de las paredes sombrías que se levantan a la derecha y que no son otra cosa que el pedestal sobre el cual se asienta todo el macizo occidental de nuestro objetivo. A nuestra espalda, la cicatriz del Valle de Ordesa describe un arco profundo rodeando la cara Sur de Punta Tobacor y su trazo se pierde detrás del perfil de las elevaciones que culminan con los cortes a pico de sus laderas. A pesar de que la pendiente apenas nos da tregua mantenemos un ritmo de progresión uniforme y constante aprovechando que la temperatura ambiente es fresca propiciada por las nubes que desde el primer momento se han adueñado del cielo.

9:15.- Surge al frente y a la izquierda la inconfundible corona de roca del Cilindro de Marboré. A su derecha el corte que presumimos es el último anfiteatro sobre el cual se asienta la cubeta del lago helado, antesala del ataque definitivo al Monte Perdido. Dicho corte queda definido contra el cielo en forma de muralla rocosa inexpugnable que tan solo deja escapar algunos chorros de desagüe procedentes de la fusión de la nieve que sin duda ha de haber acumulada en grandes cantidades sobre nuestras cabezas.
9:25.- Salvamos el último nevero que nos separa del Lago Helado y al fin nos encontramos con la auténtica pala de nieve que se interpone entre nosotros y la cima. Remontamos la arista rocosa que hace las veces de reborde sobre la canal que desemboca unos cientos de metros más arriba en la pala terminal de la cima.

10:00.- Llegamos al inicio de la pala. La ruta es ostensiblemente inclinada, hacia arriba, manteniendo unos 35º de promedio, y hacia la derecha exponiendo a los que por ella progresan a salir disparados por los precipicios de la temible “escupidera” que, sin protección natural, daría un pasaporte hacia el vacío a aquel que tuviera la mala fortuna de resbalar sin control desde cualquier punto elevado del corredor.
La huella está  bien marcada y nos conduce hacia la rimaya que une roca y nieve a la izquierda de la pala. A medida que ganamos altitud sobre el plateau, el Cilindro de Marboré se nos antoja menos alto aunque no menos impactante, pues si bien tendemos a alcanzar nivel de su cumbre, podemos ya contemplarlo en toda su magnitud al otro lado de la hoya glaciar, con su pala característica repleta de nieve y su cumbre plana perfectamente visible desde el punto por el que nos movemos.

A unos cincuenta metros del collado previo a la antecumbre, la traza cambia de lado y nos dirige hacia la derecha del corredor. Al mismo tiempo la pendiente adquiere una mayor inclinación.

10:30.- Alcanzamos un collado al final de la pala y aún tenemos que superar el gran domo que constituye la cumbre. Son las 10:45 cuando los siete nos reunimos en la amplia cima. La acumulación de nieve es tal que el mojón de cemento que señala el vértice geodésico ha desaparecido totalmente. Hacia el Norte, el valle colgado que se extiende a los pies de la montaña, sirve de recipiente al lago de Marboré, perfectamente resguardado entre la propia cara norte del Monte Perdido y su glaciar, y la línea formada por los picos de Pineta y Tucarroya. En la abrupta brecha en “v” que separa ambas alturas se distingue la oscura silueta del refugio, antaño ruinoso y húmedo,  restaurado hace algunos años por el Club Alpin Français.
.
Hacia el Este y sensiblemente más bajos, se suceden en línea las puntas destacadas del Soum de Ramond y la Punta de las Olas, también cargadas de nieve y contrastando con los fondos oscuros de los valles que las sustentan. El Valle de Ordesa se dobla en arco hacia el Sur, vigilado por la silueta geométrica de la Torre de Góriz, aneja a la espalda meridional de la montaña que nos hemos apropiado aunque solo sea por unos pocos minutos.
Hacia Occidente, la vaguada que sigue a línea del macizo de las Tres Sorores, se interrumpe dos veces. Primero por el Llano o Cuello de Millaris, ya en el cierre del Circo de Góriz. Una vez superado el nivel de ése primer escalón, le sigue otra llanura que limita, a la izquierda, hacia el Circo de Cotatuero y hacia el fondo con el Collado y Pico del Descargador. Todos estos parajes ostentan un volumen de nieve poco usual para las fechas en que nos encontramos. Una vez hayamos descendido de la cima habremos de caminar unas cuantas horas a lo largo del escenario descrito y que ahora contemplamos desde las alturas.

11:00 h.- Hemos tomado fotos a placer e iniciamos el descenso. Con las máximas precauciones: crampones, piolets, sin perder la huella… No tardamos más de media hora en volver a pisar la arista que poco después nos sitúa de nuevo en el plateau sobre el cual se intuye el lago helado de Monte Perdido oculto bajo la capa de nieve. En este punto algunos nos despojamos de los crampones, otros, por el contrario, los conservarán puestos hasta haber desandado los últimos neveros que aún habremos de cruzar, antes de vernos en la base de los primeros escalones que hubimos de salvar ésta mañana y que constituían el primer obstáculo a superar nada más salir desde el refugio.

13:00.- Estamos ya de regreso en el refugio de Góriz. Aquí nos quedamos el tiempo indispensable para tomar un poco de alimento, reorganizar mochilas, pagar la cuenta y salir pitando hacia Sarradets.

14:00.- Nos ponemos en marcha y Góriz nos despide con amenaza de lluvia. Descendemos unos metros a la espalda del edificio para atravesar una especie de canal que de no tener la carga de nieve que hoy presenta, nos habría obligado a trepar una vez llegados a su fondo. Ahora, apenas hemos tenido que alzar los pies para retomar el sendero que, imperceptiblemente, va ganando altura.

15:05.- Atravesamos una vaguada surcada por arroyos y poco más adelante escalamos un muro de roca que, una vez superado, nos sitúa sobre una plataforma de naturaleza kárstica desde la cual ya podemos contemplar relativamente cercano el Llano de Millaris. Cuando queremos darnos cuenta, hemos dejado atrás una de las visiones más majestuosas de los dos puntales destacados del macizo de Monte Perdido. Cuando dirigimos la mirada hacia atrás, contemplamos el basamento estratificado que sostiene las cumbres del Cilindro y del propio Monte Perdido, más lejano de lo que podríamos haber imaginado tras poco más de una hora de marcha. El refugio aún se perfila sobre el oleaje montañoso del circo de Góriz, como un elemento extraño por el contraste de su simetría artificial con las tortuosas curvas de su entorno.

15:15.- Nuestra andadura transcurre a lo largo de una sucesión de franjas de terreno emergentes sobre la larga vaguada blanca que nos lleva inequívocamente hacia el Cuello de Millaris. El cielo se mantiene encapotado aunque de momento nos concede una tregua. Nos detenemos lo imprescindible ¡Este equipo es formidable e inasequible al desaliento!

Una vez alcanzado el Cuello de Millaris, derivamos a la derecha para bordear el llano del mismo nombre, a media altura, justo por debajo de la cara Sur del Pico Anónimo y a lo largo de una sucesión de neveros inclinados que encaran un cada vez más próximo Collado del Descargador. Conforme nos aproximamos al collado dejamos atrás las nieves y entramos en terreno seco y elevado.

16:40.- Estamos ya por encima del nivel del Collado del Descargador y después de un corto ascenso, el sendero se encarama a la derecha por un escalón rocoso tras cuya cima podemos al fin contemplar todo el circo  de Casteret, cuyo cierre lo constituye la cadena de alturas formada por el Gabieto, Taillón, Bacillac, la Brecha de Roland, enclave épico y mágico de la literatura francesa,  y El Casco de Marboré. Tras los instantes de contemplación, rodeamos la base del Pico Anónimo entrando en el círculo final de nuestra etapa de hoy. De camino hacia la Brecha, visitamos la Gruta de Casteret adentrándonos unos cuantos metros en su interior, lo suficiente para verificar que la famosa columna de hielo está intacta y firmemente consolidada entre el techo y el suelo de la Cueva.

17:15.- Abandonamos la Gruta de Casteret y seguimos la traza marcada sobre la rimaya que delimita la base del Casco de Marboré y describe el arco del circo en sentido contrario a las agujas del reloj. A las 17:25 rebasamos las zonas equipadas con cadenas y cables, que a tramos desaparecen enterradas en la nieve.



18:15.- El grupo decide que Juan Carlos y Garfun se adelanten hacia la Brecha y, sin detenerse, pasen hacia el lado francés para descender hasta el refugio de Serradets, pues presumimos que la cena se servirá temprano y conviene que alguien se anticipe para avisar que llegamos. La pequeña avanzadilla supera las últimas pendientes hacia la Brecha y desciende por el glaciar de la cara francesa hacia el refugio. Tras una bajada rapidísima alcanzan la puerta del mismo cuyo acceso desde el glaciar ha sido hábilmente excavado en la nieve que debía cubrirlo. Son las 18:45 y la cena es a las 19:00. Justo el tiempo necesario para que nos asignen habitación y ubicar las mochilas y el resto del grupo ya destaca sobre la pendiente de nieve ya próximos a su destino.

19:30.- Nos encontramos reunidos en torno a la mesa del comedor dispuestos a dar buena cuenta de lo que nos “echen”. La jornada ha sido dura y nos sentimos animados y felices de haber completado las dos primeras etapas de nuestro trekking en el tiempo previsto. El ambiente en el interior del refugio es desenfadado y en su atmósfera flotan decenas de proyectos para mañana. El nuestro: Taillón y Casco. A ver qué tal se nos dan.


3ª ETAPA.- Martes 29 de junio de 2010 .- Refugio de Sarradets (2.587 m)  – Brèche de Roland (2.804 m.) – Taillón (3.144 m.) – Brecha de Roland (2.804 m.) – Casco de Marboré (3.009 m.)- Brecha de Roland (2.804 m.) - Refugio de Serradets (2.587 m.)


7:30.- Hora de ponerse en pié. Otra jornada en ciernes en la que esperamos nos respete el tiempo. Hoy tenemos como principal objetivo remontar el glaciar (ó lo que queda de él) hasta la Brecha de Roland y luego dirigirnos hacia la cumbre del Taillón, segundo tresmil del programa. Después del desayuno salimos al exterior del refugio y preparamos el equipo. El panorama que nos rodea es, una vez más, de una espectacularidad que difícilmente podría describirse con palabras y sin la ayuda de nuestras cámaras fotográficas. Los primeros rayos solares apenas tocan las puntas del pequeño macizo de Serradets, prestando tonos anaranjados a la ya  de por sí clara coloración de la roca que lo conforma. La pendiente de nieve de más de doscientos metros que nos separa de la base de la Brecha, se alza ante el mismo umbral de la puerta del refugio y sobre su superficie ya avanzan varios alpinistas que en la distancia se nos antojan hormigas que en fila india pugnan por robarle metros a la montaña.

9:00.- Nosotros no somos una excepción y los siete nos incorporamos a la lucha contra la nieve, bien pertrechados de crampones que aunque el blanco elemento no ofrece una dureza demasiado consistente, sí admite la progresión con estas herramientas evitándonos el molesto deslizamiento del paso hacia atrás al apoyar una suela desnuda sobre la huella impresa por aquellos que nos precedieron, tanto en el ascenso como en la bajada.


9:23.- Tras un primer tramo de pendiente, alcanzamos el plateau desde el cual pudimos divisar tayer el refugio durante el descenso desde la Brecha. Encaramos el dramático corte practicado en la roca plana que recorre el reborde meridional que sirve de frontera natural entre Francia y España; a un lado, el izquierdo, el pedestal sobre el que se asienta la torre constituida por el Casco de Marboré. A la derecha de la Brecha, el Bacillac se asemeja a un trozo de muralla que se extiende hacia el Oeste y marca el entronque con  la masa piramidal del Taillón, conectando con su arista oriental tras una brusca ruptura que conocemos como la Falsa Brecha.

9:38.- Alcanzamos la Brecha de Roland y encontramos un nutrido grupo de madrugadores que descansan contemplando la panorámica que les brinda la vertiente española. Nuestro grupo no se entretiene e inicia la marcha inmediatamente, siguiendo la huella trazada junto a la base rocosa del lado oscense de la muralla. El deshielo de

la nieve acumulada sobre la superficie plana del Bacillac, al menos a cien metros sobre nuestros pasos, provoca una curiosa lluvia que en ocasiones nos moja con un repiqueteo de pesadas gotas que forman en el suelo originales efectos sobre la nieve que cubre nuestra ruta, allí donde quedaron incrustados pequeños guijarros desprendidos, el agua ha ido trazando su recorrido alrededor suyo tallando infinidad de mini-torres, como diminutos penitentes tocados en sus puntas con la partícula oscura de su piedrecita correspondiente. No se puede por más que relacionar éste fenómeno con la formación de las perlas en el interior de las ostras; salvando las distancias, el fundamento viene a ser el mismo: un elemento ajeno al medio, una intrusión al fin y al cabo, produce por causas naturales un efecto bello, una auténtica joya que nos recuerda que hasta el elemento más insignificante ante la inmensidad de la Montaña, merece nuestra atención en la misma medida que cualquier meta de altura que nos planteemos.

10:15.- Después de un breve ascenso sobre la rimaya, alcanzamos la Falsa Brecha, dominada por el llamado Dedo, un gendarme de roca aislado y bien definido que alza su base superior al menos a cincuenta metros sobre la huella que seguimos. Bordeamos el Dedo por la derecha y nos aventuramos por la arista de nieve que encara la espalda del Taillón. En épocas más avanzadas del verano, esta arista se muestra desnuda y monótona, convertida en un simple sendero trazado sobre un lomo pizarroso que poco a poco  va adquiriendo altitud hasta conectar con las palas finales de la cara Sur de la montaña. Esta mañana estamos de enhorabuena porque la nieve acumulada ha creado una elegante arista, más propia de ascensiones alpinas que de una montaña pirenaica en plena temporada estival.



Ambas vertientes a los lados de la arista se inclinan hacia sus fondos de valle respectivos. A nuestra derecha la pala es mucho más vertiginosa, por lo que en ningún momento dejamos de respetarla tomando las oportunas precauciones. Atrás ha quedado el Dedo y el Bacillac. Detrás de su silueta destacan lejanos los componentes de las Tres Sorores, capitaneadas por el Monte Perdido.

11:10.- Todos en la cumbre a 3.144 metros. Plena cobertura para los teléfonos móviles después de dos días sin red. Todos aprovechamos la coyuntura para contactar con la familia y darles señales de vida.

Fotos de cumbre  y panorámicas del escenario que nos rodea. Al Norte, la montaña cede en un verdadero precipicio ante la inexorabilidad de su cara más técnica; justo la característica pared piramidal que se puede divisar desde las inmediaciones del puerto de Bujaruelo, identificado muy abajo gracias a la línea que forma la interminable carretera que sube desde el valle de Gavarnie y muere en el límite con España en una gran explanada sobre la que destellan los reflejos del Sol sobre los cromados y parabrisas de decenas de automóviles estacionados.

Hacia el Este, el glaciar del Taillón se desliza en eternas palas nevadas hacia un fondo cóncavo para volver a ascender en forma de nuevas pendientes hasta un hombro de nieve que conecta con la base de la cara Norte del Bacillac. Desde aquí, un nuevo tobogán desemboca directamente en las inmediaciones del refugio de Serradets. Siguiendo una línea visual de barrido hacia la derecha, nos topamos con el grupo de Marboré, Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond,  que marcan una diferencia predominante sobre el resto de accidentes orográficos gracias a su mayor altitud y un manto níveo más espeso y deslumbrante.
  
Hacia el SE, en un plano más cercano, El Casco destaca aislado y vertical, con sus paredes cortadas a pico por la derecha sobre el Collado de los Sarrios, amplio eslabón que une su cara Sur con los contornos más suaves y bajos del Pico Anónimo, en cuyo interior fue excavada la gruta de Casteret hace millones de años.

Hacia el Sur queda tendido el Collado Blanco, hoya que conforma el fondo del circo dominado por el Taillón hacia el lado de Huesca. Este enorme cuenco circundado desde sus extremos por el pico del Descargador, El propio Pico Anónimo, la Brecha, Taillón, Gabieto y Mondarruego, en su extremo más occidental, no es sino un anfiteatro orientado al Sur,  cuyo non plus ultra lo constituyen los farallones verticales de los circos de Carriata y Cotatuero, balcones privilegiados que se desploman sobre la hoja derecha del mismísimo Valle de Ordesa.

La mañana invita sin duda a permanecer más tiempo en cumbre pero como vamos a intentar hacer doblete ascendiendo al Casco de Marboré, iniciamos el regreso  y a las 12:40 estamos de nuevo en la Brecha.

13:30.- Merce, Yolanda y Alfredo deciden regresar al refugio de Sarradets. Manolo, Juan Carlos, Pepe y Garfun, descienden por la rimaya hacia el lado oscense recorriendo la huella que ayer nos trajo hasta Francia. Inicialmente piensan que la ascensión al Casco les llevará alrededor de tres horas contando con que habrán de perder mucha altitud para tomar el Collado de los Sarrios como base del ataque, al menos 400 metros por debajo de la cumbre, pero cuando se acercan al punto en que debieran iniciar el descenso, ven que la nieve no cede espacio al terreno y empiezan a creer en la posibilidad de mantener una altitud razonable durante la aproximación.


14:00.- Calzado de crampones al descubrir que felizmente no han de perder altura bajando hasta el Collado de los Sarrios; de esta forma mantendrán una valiosa y elevada cota en torno a los 2.700 m. de altitud.
Les sigue de cerca un montañero de cierta edad con marcado acento vasco que termina uniéndose al cuarteto. Una vez con los pinchos en las botas, caminan por la rimaya circunvalando la base del Casco por la derecha hasta ganarle la espalda rápidamente y atacar de forma directa las palas que desembocan bajo el penacho de roca cimero. Tras una potente travesía sobre el profundo hoyo que media entre la cara Este del Casco y la pala occidental de la Torre de Marboré, encaran directamente al Oeste remontando una fuerte pendiente que rodea por la derecha una sucesión de prominencias rocosas. Una vez superadas, nueva travesía hacia la izquierda ganando altura hasta el espolón nevado de la cara Sur ya con la roca de la cumbre muy cercana.

14:15.- Tramo final de la arista por el Sur y alcanzan la base de la protuberancia rocosa que emerge sobre la nieve unos diez metros. Tiempo indispensable para despojarse de los crampones y corta trepada hacia lo más alto.

14:30.- Cumbre. Inmejorable perspectiva a vista de pájaro sobre el glaciar de Sarradets con el refugio en el fondo destacando en la nieve sobre su islote rocoso, con la cresta de los Sarradets, al norte y muy por debajo de nuestra cima. Pero la vista mas impactante nos la brinda el muro de más de mil cuatrocientos metros de las paredes del Marboré, con la cascada más alta de Europa convertida en la distancia en una fina cinta de plata que se desploma en dos saltos, uno superior de unos quinientos metros y otro de novecientos, hasta el mismo fondo del circo.

El núcleo urbano de Gavarnie salpica el llano oscurecido por la profundidad del valle. El refugio des Espuguettes, nuestro fin de etapa  de mañana, se perfila sobre los prados despejados al pié de la cara norte de los Astazous y al Oeste de la Hourquette d’Alans.

Fotos de cumbre y regreso. Ahora toca recuperar los crampones que habían dejado al pié de la corona de roca y una vez fijados a las botas, desandar la huella y seguir la rimaya hasta la Brecha para descender una vez más hasta el refugio.

16:00.- De nuevo reunión del grupo en el refugio de Sarradets. Los que allí quedaron vieron despuntar las figuras de los cuatro sobre la cumbre del Casco. Teniendo en cuenta el cálculo inicial sobre la hora prevista de la llegada a la cima, no pueden disimular su sorpresa. En poco más de una hora consiguieron el objetivo. 

Transcurre la tarde relajadamente hasta la hora de la cena. Coincidimos con un grupo numeroso del Rutas que más o menos viene siguiendo el mismo circuito que nosotros pero a la inversa. Intercambiamos información y nos deseamos suerte. Mañana nos espera una jornada de descenso predominante y por lo tanto mucho más sosegada que las tres últimas transcurridas.



4ª ETAPA.- Miércoles 30 de junio de 2010 .- Refugio de Serradets (2.587 m)  – Circo de Gavarnie (por las Échelles des Serradets)(1.700 m.) - Refugio des Espuguettes (2.027 m.)

Buen tiempo a la vista. Después del desayuno empiezan los preparativos de nuestro descenso, esperamos que relajado, hacia el Circo de Gavarnie. Mochilas, piolets, botas… todo se comprueba en la terraza del refugio antes de pisar la nieve que rodea por completo el islote de roca sobre el cual se levantó  el solitario edificio del refugio de Sarradets.

8:50.- Caminamos ya en dirección Oeste y descendiendo hasta el borde occidental del propio Circo de Gavarnie con intención de localizar la entrada superior de las llamadas Echelles des Serradets que nos situarán justo en la base del circo. Perdemos altura siguiendo la línea del valle nevado que media entre el contrafuerte meridional del Casco (a la derecha) y el pequeño macizo montañoso de los Serradets a la izquierda. Tras descender a lo largo de más o menos un kilómetro, la nieve se acaba y nos topamos con un cortado sobre los escalones herbosos que forman el extremo norte de la herradura del circo. Inicialmente nos cuesta localizar un acceso seguro para salvar el desnivel que nos separa del sendero, visible más abajo y que serpea a lo largo de las Echelles. Tras unos pocos “brujulazos” conseguimos identificar las marcas en forma de “H” y el grupo termina accediendo al camino correcto desde al menos tres puntos diferentes. En un momento determinado se nos escapa una de las señales y destrepamos una canal que en principio se nos antoja evidente pero que, un centenar de metros más adelante, acaba en un cortado impracticable. Ello nos obliga a retroceder sobre nuestros pasos, volver a ascender por la canal y retomar el sendero después de comprobar que ése desvío estaba perfectamente marcado con la correspondiente señal en “X” que indicaba que por allí no hay salida.

10:40.- Proseguimos la marcha sin más incidentes encarando el cierre del Circo por donde la cascada más alta de Europa vierte su caudal salvando un desnivel de más de novecientos metros. A medida que perdemos altura nos sumergimos en el enorme recuenco de paredes inaccesibles desde cuyas alturas se descuelgan blancas melenas de agua pulverizada procedentes de los neveros que coronan las cimas circundantes.


Cuando llegamos al fondo del Circo de Gavarnie, observamos los grupos de turistas que transitan los senderos y pistas que conducen al pié de la cascada. Las nubes decoran un cielo limpio formando grandes masas de aspecto algodonoso que, ya a ésta hora, adquieren desarrollos espectaculares que bien pudieran generar alguna tormenta durante las primeras horas de la tarde. Avanzamos a lo largo de las sendas trazadas sobre el pasto, a menudo sembrado de bloques de roca. El suelo es bastante irregular y deja pocos espacios horizontales. Buscamos el río, cuando finalmente encontramos la orilla, paramos a descansar y con auténtico placer nos descalzamos e introducimos los recalentados pies en el agua. Algunos refrigeramos algo más que los pies a pesar de que el agua corre a una temperatura francamente baja.

12:40.- Cambio rápido de camisetas y calzado tras secarnos de las breves abluciones. Continuamos por los senderos del circo, pegados a la orilla izquierda del río. Después de recorridos unos cientos de metros de margen, el cauce describe un arco a la izquierda y divisamos el magnífico edificio de L’Hotellerie du Cirque. Una construcción alargada de dos plantas y tejado de pizarra, cuyos ventanales quedan orientados hacia la gran cascada (prohibido hacer chistes baratos). En la explanada que se abre ante la puerta principal apreciamos unos cuantos toldos y mesas en torno a los cuales los turistas se toman sus cafés y sus cervezas bien frías. Esta visión nos hace buscar ávidamente el acceso hacia ése paraíso hostelero ya que desde el lado en que nos encontramos no hay posibilidad de alcanzarlo por no existir puente alguno que salve el cauce del río. Aprovechamos un nevero que en un corto tramo cubre la anchura entre ambas orillas y conseguimos llegar al camino que discurre paralelo al margen derecho y ligeramente elevado sobre el mismo. Desde allí apenas tardamos un par de minutos en llegar ante la fachada principal y buscar una mesa libre bajo el toldo protector del bar. Aunque nos han cobrado las cañas a precio de Dom Perignon nos han sabido a gloria bendita. El escenario circundante es digno de constituir el tema central de cualquier documental de National Geographic.

14:10.- Desde L’Hôtellerie du Cirque regresamos al camino que va ganando altura sobre la orilla derecha de la Gave de Gavarnie hacia el Norte. A la izquierda y por el fondo del valle, quedan marcados los cuatro kilómetros de carretera que unen la instalación hotelera con Gavarnie. Sobre la línea recta distinguimos las reatas de caballos y mulillas que transportan a los turistas hasta la principal atracción del Parque Nacional. Sobre la otra hoja del valle, los verdes contornos de las montañas muestran las trazas de algún que otro remonte que identifica de forma precisa la estación invernal de Gavarnie-Les Especières.

14:30.- El camino por el que nos movemos sigue ganando altura, a menudo tallado en la roca de la ladera y atravesando un precioso bosque, el llamado Bois D’Arribama. Durante un par de kilómetros, el camino describe un giro a la derecha para alcanzar, en un ascenso a base de zetas, el Plateau de Pailla, un llano abierto en un claro del bosque sobre el cual destaca una pintoresca cabaña de madera utilizada como albergue. Desde este enclave y hacia el Suroeste  nuestra vista se ve capturada por el espectáculo que constituye el macizo de los Astazús, las montañas siamesas unidas por el Couloir Swan, todavía definido por la nieve aunque interrumpido en su mitad por un estrangulamiento de roca. Hacia el Este, las campas escalonadas ponen de por medio, entre nosotros y el refugio des Espuguettes, unos doscientos metros de desnivel a remontar sobre amplias zonas de pastos pobladas por algunas reses ovinas. Antes de acometer el último tramo de la etapa del día nos tumbamos al sol y aprovechamos la coyuntura para comer algo y echar una cabezadita. Son las 15:45.

 

16:40.- Todos en pié. Poco a poco dejamos atrás el bosque y salimos a terreno despejado sobre las gradas que nos van situando en las proximidades del refugio des Espuguettes.



17:00.- Nos encontramos ya a las puertas del refugio en plenas obras de reforma que ya se aprecian sobre la fisonomía inicial del inmueble. Las tres ventanas de la planta inferior quedan ahora ocultas tras un añadido bajo cuyo techo se han habilitado nuevos espacios para las taquillas. La puerta, otrora abierta en una especie de ábside lateral bajo la parte inferior del alero derecho, se ha practicado de nuevo justo en el propio flanco derecho del nuevo cuerpo adosado al frontal de la fachada. Cuando llegamos, los albañiles están aún trabajando a pleno rendimiento en torno a pequeñas piezas de maquinaria que deducimos han sido traídas hasta aquí en helicóptero.

Repetimos el mismo ritual que en las etapas anteriores: nos identificamos ante los guardas y se nos asignan habitación y taquillas. En esta ocasión no nos valen las tarjetas federativas, según nos explican esto se debe a que estamos dentro del Parque Nacional. (¿??)  La habitación es una pieza amplia y bien ventilada exclusivamente para nosotros siete.

 



19:00.- Cena con platos apetitosos y a eso de las 22:00, al sobre.


5ª ETAPA.- Jueves, 1 de julio de 2010 .- Refugio des Espuguettes (2.027 m)  – Hourquette D’Alans (2.380m.) – Cirque D’Estaube – Brecha de Tucarroya  (2.666 m.) – Lago de Marboré – Balcón de Pineta – Valle y refugio de Pineta (1.240 m.)



7:30.- Desayuno y puesta en marcha. A las 7:50 ya estamos preparados y emprendemos la caminata hacia la Hourquette d’Alans. Cielo despejado y por tanto un buen comienzo para la última etapa de nuestra vuelta al Monte Perdido. A las 8:00 iniciamos el ascenso por el sendero que remonta hacia el Sur por la ladera del circo formado bajo las aristas de Pimené y el Pic Rouge de Pailla para alcanzar la Hourquette, el collado que separa ambos accidentes orográficos. El sendero no ataca directamente la Hourquette sino que describe un arco de izquierda a derecha salvando algún que otro arroyo y un nevero.

9:00.- Llegamos a la Hourquette d’Alans (2.380 m.) y al otro lado nos espera otro circo espectacular, el de Estaube, coronado al Oeste por la cadena de los Astazús y el pico de Tucarroya. Descansamos por espacio de unos minutos y tomamos las fotos de rigor. El tiempo continúa siendo excepcionalmente bueno y nos sentimos animados ante la perspectiva de una aproximación exitosa a la Brecha de Tucarroya. El sendero está cubierto de nieve y ello hará que la potente subida hacia la Brecha se presente mucho menos costosa y más amena.

9:20.- Reanudamos la marcha para descender hacia la hoya por donde discurre la senda marcada por hitos y que nos llevará hasta la ruptura entre aristas que alberga el pequeño refugio de Tucarroya. En ocasiones la localización de la ruta correcta se hace bastante complicada pero mantenemos una altitud prudencial sobre el valle a media ladera sobre el arco occidental del Circo de Estaube. Cuando parece que la ruta nos va a llevar directamente hacia el antiguo paso de Pineta, adivinamos a la derecha la última opción que nos resta para pasar hacia el lago de Marboré. Intuimos que hacia ése lado se abre la canal que habrá de conducirnos hasta la Brecha.

11:00.- Atacamos un nevero que nos separa del camino que nos situaría inequívocamente en el Puerto de Pineta. Encaramos un collado a cuya izquierda se alza un gendarme de roca. Tras el collado surge, al fin, la pala definitiva cubierta a tope de nieve lo que confirma el presentimiento generalizado de que el ascenso será mucho más cómodo que en ocasiones en que el terreno está seco y con la engorrosa pedrera al descubierto.

11:30.- Crampones, piolet y arriba. Vamos trazando zig-zags sobre la pendiente y, a buen ritmo, le ganamos la partida a la canal.



12:05.- Quedan superados los últimos metros que nos separan del collado abierto abruptamente entre el Pico Tucarroya, a la derecha, y el de Pineta a la izquierda. Cuando las miradas superan la línea del collado, el cielo azul termina combinándose con la masa blanquísima del plateau dominado por los contornos helados  del lago de Marboré y la muralla de la cara norte del macizo de las Tres Sorores, capitaneado por la mole central del Monte Perdido. Justo en medio de la brecha está el pequeño refugio de Tucarroya, bastante más acogedor ahora que hace quince años cuando era más aconsejable aguantar un temporal al amparo de algún pedrusco que intentar guarecerse bajo su techo ruinoso. Hoy se trata de un edificio con recintos secos y acogedores protegidos por una techumbre metálica en forma de tonel, más fiable que la deteriorada tela asfáltica que lo cubría antaño. Nos hacemos fotos de grupo apoyados en la barandilla de la terraza.

12:40.- Iniciamos el descenso hacia la otra vertiente. En poco menos de diez minutos alcanzamos el fondo y nos reunimos a la orilla del lago helado. Una fina fractura que dibuja el contorno del lago y  nos revela un próximo deshielo que dejará al descubierto sus aguas dormidas. Rodeamos el lago tras comprobar que la travesía por su superficie no es demasiado segura y buscamos la salida hacia el Balcón de Pineta encontrándola a eso de las 13:20. Nos instalamos en un afloramiento rocoso para reponer fuerzas y tomar alimento.

Disfrutamos del sol y de la confortabilidad de la roca plana y nos tumbamos un buen rato rodeados por uno de los escenarios más alucinantes que se puedan contemplar en el Pirineo.


14:45.- Por fin damos el salto hacia Pineta. Treinta metros de travesía sobre la parte superior del nevero que constituye el famoso embudo y damos con el sendero que enfila hacia el fondo del valle.

16.30.- Nos acercamos a la base de la cascada del Cinca. Es tal el caudal que descarga que, a distancia, notamos la violenta turbulencia del aire que genera el impacto del agua contra la base de roca. El puente que debiera asegurar el acceso hacia la Faja Formosa, justo al pié de la cascada, continúa desaparecido desde hace ya más de tres años tras ser barrido por la inconmensurable  fuerza del agua. 
  
 El descenso hasta el refugio se nos antoja interminable. Derivamos hacia la pista que desciende desde los lagos de La Larri y nos topamos con un cartel que avisa de que el camino está cortado por la rotura del puente que enlaza con el otro tramo de pista que discurre por la orilla derecha del río. A pesar de la advertencia continuamos hacia el puente. Ciertamente nos encontramos con un auténtico destrozo. 




Las barandillas de madera reforzadas con acero del puente que salva el barranco final del río, están materialmente colgando o aplastadas, seguramente a causa de algún alud, pero la plataforma se mantiene en su sitio, así que cruzamos y proseguimos con nuestro descenso. Son las 17:15.

Cuando llegamos a la zona de acampada hacemos un alto en las mesas anejas al bar y nos tomamos unas merecidas cervecitas. Después, aún tendremos que recorrer unos tres kilómetros hasta el refugio. Cuando finalmente llegamos a nuestro destino celebramos al fin el haber completado la actividad con éxito y habiendo cumplido todos los objetivos.

Mañana: actividad de “propina”.- El Castiello Mayor (2.040 m.) Manolo, Yolanda y Mercedes harán turismo por Ainsa. Juan Carlos, Alfredo, Pepe y Garfun, intentarán hacer cumbre en ésta montaña tan distinta de las que hemos ascendido durante los últimos días. En todo caso, la perspectiva de librarnos de los “botarrones” de nieve y los hierros, siempre es placentera.

Ducha, cena y al “sobre”. Por la mañana todos en pié hacia las 7:30.




sábado, 10 de mayo de 2014

Extractos del diario de un Montañero-Vignemale (Pique Longue 3.298 m.)

 
El macizo del Vignemale con su Pique Longue y puntas anejas, es una de esas montañas que si no fuera porque existe la fotografía, el mero hecho de reproducirla pictóricamente a escala, en sus justas proporciones, suscitaría el típico comentario: ¡Buéh... Ya será menos...! en aquellos escépticos que no han tenido la inmensa suerte de contemplarlo “in situ”, en medio de un enclave mágico como es el Valle de las Oulettes de Gaube.

 

Ciertamente,  ésta montaña emblemática de los Pirineos se muestra ante los ojos del atónito espectador como el capricho de un delirante J.R.R. Tolkien que pretendiera acojonar a sus lectores con el dibujo de las oscuras sierras que delimitan el imperio de Mordor. La verticalidad y longitud de sus corredores helados y espolones rocosos hacen patente la existencia en este mundo de montañas reales capaces de competir con el producto de la más desbordante de las imaginaciones.

Esta es pues la historia de doce montañeros que aprovecharon un “puente” festivo para acercarse a los dominios del “Señor de los Pirineos” y (con su permiso) encaramarse a la más alta de sus puntas, la Pique Longue (3.298 m.)

Todo comienza el 28 de abril de 2006 cuando escapan de un Madrid que se desangra en éxodo masivo a causa del casual encadenamiento del fin de semana con el Primero de Mayo y la Fiesta de la Comunidad Madrileña.
 
Viernes 28 de abril.- Salen hacia Piedrafita de Jaca dos vehículos, uno a las 17:50 con el “Presi”Blas al volante, su hermana Rosa, Santi, Pepe Prieto y Garfun. Pasadas las 19:00, inician viaje Markos, Laura, Manu y Carlos. El objetivo es pernoctar en ese pueblo del Pirineo de Huesca para proseguir camino el día siguiente hasta Pont D’Espagne, antesala del Valle de Gaube.

El sábado 29 se les unirán Manolo Peinado y Javi Pinto, que tienen previsto dejar Madrid a eso de las 5:00 de la mañana. 

Tras un trayecto sin contratiempos llega al albergue la avanzadilla, a una hora de la noche todavía razonable, y tras tomar posesión de las habitaciones se disponen a descansar. Santi, Pepe y Garfun se llevan la peor parte, pues al inicio de la madrugada les llegan unos vecinos de habitación extremadamente ruidosos. Se trata de dos o tres familias con críos de diversas edades, todos tan escandalosos (infantes y adultos), que bien podrían competir con cualquier horda de vikingos vocingleros en plena orgía de alcohol.

… Y así se escribe la historia de aquella noche: bulla antes de acostarse, bulla después de acostarse (uno de los enanos cantaba en sueños a pleno pulmón ante el jolgorio y regocijo de sus puñeteros papás) y bulla al levantarse; carreras saltos y gritos justo por delante de nuestras literas, mientras uno de los padres recomendaba delicadamente a su pequeño Barrabás: ¡¡ADRIÁAN!! ¡¡¡CÁGÜEN SÓSS!!! !!!NO PASES POR AHÍ, QUE VAS A DESPERTAR A ESOS SEÑORES!!!
Pues eso, todo un modelo de civismo y educación, así que el que más y el que menos se alegró de que por fin hubiera amanecido.

Sábado 29 de abril.- Durante el desayuno, reencuentro con los que llegaron en el segundo vehículo y confirmación por parte de uno de los alberguistas de que el Col del Portalet está cerrado en el lado francés a causa de aludes que bloquean la carretera. Tras la consiguiente deliberación se opta por cruzar a casa del vecino (Francia) por Somport, con lo cual habrá que retroceder hacia Sabiñánigo tomando un poco antes el desvío para Jaca. Previamente contactan con los que han salido el sábado a las 5:00 y quedan con ellos en Villanúa, en la carretera que conduce a Canfranc.

Tan solo una corta parada en la estación de servicio de Villanúa (allí recibimos una grata sorpresa al ver que con Manolo y Javi viaja nuestro colega y amigo Miguel Fonfría) reanudamos viaje hacia Francia.
 

El cruce es largo ya que lo accidentado del territorio hace que las carreteras rodeen macizos montañosos y recorran valles intermedios que muy poco a poco les van acercando a su destino. Tras pasar por Lourdes, Cauterets y efectuar parada de unos minutos en Pierrefitte-Nestalas, llegan al fin a Pont d’Espagne cuando aún no son las 14:00 h.
 
Después de comer un bocado al lado de los vehículos y organizar un poco el equipaje, salimos valle arriba a eso de las 14:30.

El día es magnífico con buena temperatura para caminar y el GR10, a lo largo del cual avanzamos, serpea en ascenso entre bosques de pino y abeto por la orilla derecha del río Oulettes, cuyo curso es amenizado frecuentemente por una sucesión de bellas cascadas.


15:00 h.- El lago de Gaube dota de horizontalidad al terreno y se constituye en la puerta hacia el objetivo: en este punto es cuando la belleza del valle se hace patente; los tonos esmeralda del agua contrastan con los pardos y blancos del terreno que lo flanquea, y hacia el Sur resplandecen los contornos del Vignemale velados de vez en cuando por jirones nubosos que aún hacen mas imponentes sus gigantescas proporciones.
Tras cruzar un puente y bordear el lago por la derecha los neveros empiezan a menudear sobre tramos cada v
ez más largos del sendero y procede efectuar una parada para calzarse los “guetres”.
 

Son las 17:20 cuando por fin llegamos al refugio de las Oulettes de Gaube (2.151 m.), magníficamente construido sobre un afloramiento rocoso a unos 1.500 m. en línea recta de la mismísima base del Couloir de Gaube. Desde su terraza ya no hay obstáculo que impida contemplar el Vignemale en todo su esplendor y dimensiones.

La recepción es cordial y nos llama la atención el cartel pegado sobre el mostrador de madera que, en grandes letras rojas escritas con rotulador, reza: “AQUÍ SE HABLA ESPAÑOL DE PUTA MADRE” y enseguida lo entendemos cuando Jean-Thomas, el guarda, (cuyo aspecto recuerda al buenazo del capitán Haddock, inefable compañero de aventuras del reportero Tintín) se dirige a nosotros en un perfectísimo castellano.
 
Se nos asigna la habitación Vignemale toda enterita para nosotros, con unas taquillas enormes de madera en las que ¡cabe todo nuestro equipaje!, con la vista más impresionante sobre el Circo de las Oulettes y por tanto de nuestro objetivo de mañana.

Domingo 30 de abril.- 4:30 h. todo el mundo se despereza en la estancia alertado por el concierto de “bip, bips” de los despertadores. Luego, luces de frontal que barren suelo y paredes, puertas de taquillas que se abren y pasos atenuados sobre la tarima. A través de la ventana vemos luces en el oscuro vacío nocturno que definen la vertical del Couloir de Gaube, son cordadas madrugadoras que hace ya un par de horas salieron a enfrentarse al frío y vertiginoso corredor que constituye la más clásica ascensión al Vignemale. Nos sentamos a desayunar a las cinco y, aproximadamente a las 6:20, estamos sobre la nieve con los crampones calzados y ascendiendo hacia el Este para bordear el circo hasta plantarnos sobre la Hourquette de Ossoue.

 
 



El alba nos sorprende en las rampas orientales del circo, dotando de un tono rojizo a las aristas que unen entre sí las puntas que coronan el contrafuerte septentrional del macizo.
 




 
7:27 h.- Pisamos al fin la nieve de la Hourquette de Ossoue (2.764 m.) a la derecha del collado se eleva la empinada pala de la cara norte del Petit Vignemale y hacia el lado opuesto crece implacable la arista que conduce hasta el Pic de la Sède (2.976 m.). Al Este, el collado da paso a una pala amplia que cuya pendiente se ve apenas alterada por el rellano sobre el cual se levanta la austera construcción del refugio de Baysselance, a menos de cien metros por debajo de la Hourquette.


Según descendemos nos dejamos cautivar por el espectáculo de cumbres y valles que conforman el escenario incomparable del valle de Gavarnie. Así reconocemos el macizo de las Tres Sorores, aunque su cumbre principal, el Monte Perdido, permanece aún oculta por la masa más cercana del Marboré. A la derecha de éste se van sucediendo el Casco, Bazillac, la Brecha de Roland y la vertiginosa cara norte del Taillón. Todos estos gigantes pirenáicos despuntan iluminados por las primeras luces del amanecer sobre los profundos y aún oscuros valles de Gavarnie y Bujaruelo.

Una vez superado el refugio de Baysselance, aún descendemos cien metros más y doblamos a la derecha por la base del Petit Vignemale sigiendo el curso lógico del GR10, enfilamos hacia el glaciar de Ossoue atravesando los primeros neveros que cubren la ruta de verano y cuando queremos darnos cuenta estamos ganando altura sobre el glaciar. A las 9:45 llegamos al gran plateau que constituye el circo en torno al cual se reúnen los distintos picos que conforman el macizo.

Continuamos ocho de los doce que han iniciado la ascensión esta mañana. Manolo Peinado se quedó en la Hourquette para hacer el Petit Vignemale. Carlos quedó descansando en la subida por el glaciar, Míguel prefiere subir en solitario al Montferrat y Javi Pinto decide regresar desde el circo por no encontrarse demasiado bien.


  

No estamos solos en esta empresa, pues descubrimos ya más de una veintena de puntitos encaramados en la pala que conduce a la arista cimera de la Pique Longue. Tal y como imaginábamos, la huella va a ser profunda facilitándonos el ascenso aunque habremos de extremar las precauciones debido a posibles desprendimientos. Salvamos el último tramo hasta la base de la pala que nos separa de la arista y dejamos las mochilas agrupadas para desenvolvernos con mayor facilidad durante la ascensión. Uno a uno superamos el centenar de metros de empinada pala hasta situarnos sobre la fina arista para en un par de minutos tocar la cumbre de la Pique Longue. Son las 10:45h.
 

Panorámica desde la cumbre
 
El descenso transcurre de la misma guisa que la subida, es decir, de espaldas al valle y destrepando toda la pala ya que el ángulo de inclinación de la pendiente no nos deja otra alternativa. Con muchas precauciones (aún hay gente subiendo por el mismo itinerario) vamos perdiendo altitud hasta reunirnos todos en torno al montón de mochilas que hemos formado en el plateau.

 
 
Según regresamos a la ruta de descenso por el glaciar, aún hay quien se anima (como nuestro webmaster Manu) a rematar la jornada haciendo otra cumbre rápida, en este caso la cercana del Piton Carré. 

Desde la Hourquette descendemos al fondo del circo en lugar de rodearlo por la derecha y concluimos nuestra pequeña aventura a eso de las 17:00h.
 


Tras la cena vienen las despedidas. Laura, Manolo, Javi y Míguel regresan a Madrid por la mañana del día siguiente, los demás ya tienen definida la tarea a llevar a cabo a lo largo de la última jornada del “puente”: Manu, Santi y Markos, irán hacia el Petit Vignemale para ascender por una goulotte que Jean-Thomas les ha recomendado; incluso les ha prestado un par de piolets técnicos y dos tornillos para hielo. Rosa, Blas, Carlos, Pepe y Garfun ascenderán hasta el Col des Mulets y pasarán hacia la vertiente del Ara para aproximarse al Grand Pic d’Arratille, de 2.900 m. e intentarán hacer cumbre.
 
Lunes 1º de Mayo.- Los cinco del Col des Mulets se levantan temprano. Los tres del P.Vignemale lo hacen un pelín más tarde y los que regresan a la civilización duermen despreocupadamente ya que les espera un tranquilo descenso hacia Pont d’Espagne.
 
 

 El día transcurre soleado y magnífico ya sin la masificación del fin de semana. Manu y compañía consiguen su objetivo alcanzando la cumbre del Petit Vignemale tras una aérea ascensión por la pala W. del pico.
Los demás consiguen llegar hasta la base del G.P. d’Arratille pero el estado de la nieve y una travesía un poco expuesta a los aludes les “recomienda” regresar. Aún así la incursión en esta vertiente del macizo les gratifica con creces.


                       Vignemale desde el Col d’Arratille
 
 
Los del collado están de regreso en el refugio hacia las 14:00. Los demás llegan dos o tres horas más tarde tras haber descansado en la zona de Baysselance.
 
Martes 2 de Mayo.- 8:11h. Abandonamos el valle de las Oulettes de Gaube y descendemos hacia Pont d’Espagne.

 
 



Atrás dejamos un Vignemale muy parecido al que encontramos el día de nuestra llegada. Remolinos de nubes en torno a sus aristas y cumbres, sombras cerniéndose sobre sus corredores de vértigo… La puerta se cierra a nuestra espalda. La Montaña que nos franqueó la entrada a sus dominios con afabilidad y mansedumbre, hoy, tras nuestros pasos, vuelve a mostrarse huraña y misteriosa.